Teacher, ¿qué puedo hacer para mejorar mi inglés?...Pues, jugar a baloncesto.

Todos los días hay algún alumno que me pregunta: teacher, ¿qué puedo hacer para mejorar mi inglés? Y me he dado cuenta que según el tiempo que tenga entre clase y clase o las necesidades que yo vea en el alumno, hablo de unos consejos u otros. Así que, he decidido escribir una serie de artículos en el blog  para recopilar todos esos consejillos de los que voy hablando y que a lo largo de mis años como profesora he visto que han funcionado para muchos de mis alumnos.

En la entrada de hoy me gustaría primero de todo responder a un par de preguntas que se me han formulado varias veces:

1-. ¿Todo el mundo puede aprender un segundo idioma?

Mi respuesta es clara: SÍ. Todos tenemos capacidad suficiente para aprender un idioma. Si ya hemos podido aprender uno, ¡cómo no vamos a ser capaces de aprender dos!

2-. "Entonces, teacher, si todo el mundo puede, ¿por qué a mí me cuesta más que a mi compañero? ¿Por qué él aprende más rápido que yo?"

Pues la respuesta para mí es muy clara. Partiendo de la base de que todos tenemos un potencial increíble (del que desafortunadamente solo aprovechamos una mínima parte), todos podemos aprender inglés, aunque es cierto que cada persona es diferente a la hora de adquirir ciertas habilidades, del tipo que sean. Y esto es un hecho.

Yo siempre quise ser jugadora de baloncesto y lo conseguí, ya años atrás, a nivel provincial, de lo cual estoy muy orgullosa. Yo tenía y tengo una particularidad, y esta es que, en lo que respecta a velocidad...yo carecía un poquito de ella. Era la más lenta del equipo. En cambio, había compañeras mías que eran tan rápidas. ¡Qué envidia! Tuve muchas posibilidades de mejorar mi velocidad y pude mejorarla lo máximo que quise. Dentro de lo que para mí ya era satisfactorio, jugar al baloncesto, dediqué a mejorar mis habilidades, sobretodo la velocidad, solo el tiempo que tenía libre después de hacerme cargo de mis estudios, clases y trabajo, tareas que para mí eran más importantes. Tuve que hacer un esfuerzo mayor que muchas de mis compañeras de equipo y, seguramente, si hubiese querido mejorar más, podría haberlo hecho sin problemas, pues se me brindaron todas las posibilidades habidas y por haber. Podría haber llegado a ser mucho más rápida y veloz, sin embargo consideré en aquel momento, que ya había alcanzado mi objetivo respecto al baloncesto y que estaba muy satisfecha con lo que había conseguido. Estaba contenta y feliz.

Es curioso que, por otro lado, muchas de mis compañeras de equipo me preguntasen continuamente: "¿Dónde aprendiste a hablar inglés? ¿Cómo puede ser que hables tan bien inglés? A nosotras nos cuesta mucho y no lo hemos conseguido todavía".

Creo que mi respuesta a esas preguntas ya es obvia a la altura de este texto. Muchas de ellas siguen estudiando inglés hoy en día y algunas ya han conseguido tener un nivel C2. Otras consiguieron tener un nivel B2 y decidieron que ese era su punto satisfactorio. Otras con el B1, consiguieron mantener su trabajo y ello les supuso una enorme satisfacción. ¿Podrían ellas avanzar más en su conocimiento del idioma? Por supuesto que sí, pero han decidido que lo que consiguieron es suficiente y satisfactorio para ellas.

En resumen, lo que quiero poner en relieve con esta historia es que, para aprender algo y mejorar en cualquier área de tu vida, sea aprender un idioma o ser más rápido, siempre tienes que tener presente tres cosas:

Primera: ¿Hasta dónde quieres llegar? Es decir, ¿qué punto en el objetivo es para ti satisfactorio?

Segundo: ¿Qué importancia tiene para ti?

Tercero: ¿Cuánto tiempo y esfuerzo estás dispuesto a dedicarle?

Este es el inicio de tu aprendizaje y mejora.


Autora: Blanca Gallego Herrerapicazo

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